viernes, 6 de mayo de 2016

¿Decálogo de recomendaciones para niños alérgicos al polen?

1. Si sospechamos que nuestro hijo puede ser alérgico a algún tipo de polen, por presentar durante los meses de primavera: síntomas de rinitis (congestión nasal, picor de nariz, estornudos…etc), conjuntivitis (picor ocular, lagrimeo) y/o asma (tos seca, falta de aire…etc), lo primero deberá ser acudir al especialista: al alergólogo. Él será el encargado de realizar las pruebas pertinentes para filiar el origen de dichos síntomas y demostrar si obedecen o no a una causa alérgica. Las pruebas alérgicas pueden realizarse a cualquier edad.

2. En caso afirmativo, hay que familiarizarse con los pólenes a los que el niño es alérgico, evitar acercarse a los lugares donde abundan y se presentan en concentraciones elevadas en la atmósfera durante los períodos de polinización. Pero, por desgracia, esta medida no siempre es posible.

3. Cerrar las ventanas de la habitación, sobre todo por la noche, porque es el momento del día donde los niveles de polen son mayores. Será preferible ventilar a mediodía.
Airear el dormitorio a mediodía, el resto del dia ventanas cerradas
4. Revisar (lavar) las frutas y las verduras, para que no tengan pegados granos de polen, al igual que los productos obtenidos de las abejas, en caso de ser consumidos sin cocinar.

5. Viajar en coche con las ventanillas cerradas en época de polinización, cerciorarnos de que el filtro de aire que usa nuestro coche es “antipolen”, cambiarlo y/o limpiarlo.
Filtros antipolen para la entrada de aire al vehículo
6. Evitar los desplazamientos en bicicleta, correr o realizar ejercicio físico en zonas donde el polen abunde. Especialmente los días cálidos y con viento.

7. Usar gafas de sol para salir de paseo y usar mascarillas homologadas para filtrar el polen puede ayudar en determinados casos.
Niños con gafas de sol
8. No colgar ropa en el exterior para que se seque, ya que el polen se puede quedar “pegado” a la tela.
No tender la ropa en el exterior
9. Evitar irritantes: humo del tabaco, productos de limpieza en aerosol para baño o cocina, colonias en spray... que pueden agravar los síntomas alérgicos.
El humo del tabaco agrava las alergias respiratorias
10. El tratamiento más común consiste en aliviar los síntomas con medicación que siempre debe ser indicada por un médico, mejor si es el alergólogo. Lo ideal es realizar un tratamiento de la causa, mediante vacunas específicas, que evitarán los síntomas y evitarán que la enfermedad alérgica progrese: es decir, que lo que era una rinitis se convierta en asma, y lo que era una alergia a un solo polen, se convierta en una alergia a varios de ellos.

Dra. Gloria Requena Quesada.
Médico Especialista en Alergología.
Grupo AlergoMálaga.


viernes, 15 de abril de 2016

El lado oscuro de las abejas…

La historia de las abejas ha ido siempre pareja a la historia del hombre. Existen incluso pinturas rupestres que representan ya en aquellos tiempos la recogida de la miel -por cierto, primer edulcorante descrito-. Se decía que en la Tierra Prometida corrían ríos de leche y miel… (Recomiendo encarecidamente la lectura de la obra “La vida de las abejas”, del escritor belga Maurice Maeterlinck, premio Nobel de Literatura en 1911).
Abeja: Apis Mellifera sobre flor de chumbera
Albert Einstein ya lo dijo en su momento: “Sin abejas no hay polinización, ni hierbas, ni animales, ni hombres”. Y es que estos pequeños insectos, aunque no lo parezcan, son absolutamente fundamentales para la sostenibilidad de nuestro ecosistema.

En los últimos años existe una gran preocupación: el cambio climático, los insecticidas y ciertos parásitos, parecen estar erigiéndose en protagonistas de la desaparición progresiva de estos bichitos tan necesarios.

¿Qué es una abeja?

Una abeja es un himenóptero, que no es otra cosa que un insecto artrópodo. Se caracteriza por poseer unas alas membranosas y una organización social compleja (digna de ser estudiada). Forma parte de la familia Apidae, y, además de polinizar y protagonizar dibujitos animados famosos, es capaz de producir un veneno que desencadena en algunas personas reacciones alérgicas, que en ocasiones pueden llegar a ser mortales (casi todos hemos visto “Mi chica”, la película de 1991 protagonizada por Macaulay Culkin, que aunque se trate de ficción, es un reflejo de la realidad).

Pero no hay que equivocarse: las abejas son unos insectos herbívoros y tranquilos, que no atacan a no ser que se sientan amenazados (por ejemplo, al manipular sus colmenas). En otras ocasiones, las picaduras de abeja se producen de forma accidental (al cruzarse con ellas mientras se va en moto o corriendo, etc).

La prevalencia de alergia en la población general al veneno de este tipo de himenópteros es muy baja. Salvo casos aislados, habitualmente son los apicultores y sus familias, así como los trabajadores del campo, los más frecuentemente afectados; y es la primavera, la estación de las flores y el polen, en la que la actividad de estas abejas es más intensa, cuando el riesgo de picaduras se incrementa.
Apicultores y sus colmenas

¿Cómo pica una abeja?

Las abejas obreras, que defienden la colmena, desarrollan un aguijón con púas en la zona posterior y una bolsa muscular con veneno. Tras la picadura, el aguijón queda clavado en la piel, y la bolsa del veneno comienza una contracción rítmica para bombearlo en el intruso. El abdomen de la abeja se desgarra y ésta muere. Es decir, podrás saber si te ha picado una abeja si te deja el aguijón clavado.


¿Qué le ocurre al paciente alérgico tras recibir una picadura de abeja?

El paciente alérgico puede sufrir desde reacciones locales, donde se inflama la zona corporal afectada por la picadura, hasta verdaderos cuadros anafilácticos. El abordaje será distinto en función de diferentes aspectos: no es lo mismo un paciente con reacciones locales que uno que sufre otras más graves, no es lo mismo un apicultor que una persona que vive en la ciudad y no frecuenta el campo, no es lo mismo un niño que un adulto, no es lo mismo un paciente con asma que uno que no lo padece…etc.

¿Qué precauciones debo tener si soy alérgico al veneno de las abejas?

Como se ha dicho antes, en la mayoría de las ocasiones las abejas pican al sentirse amenazadas. Se deberá evitar aproximarse a sus colmenas, realizar aspavientos si se tiene alguna cerca, practicar actividades de jardinería (sobre todo en primavera), dejar la ropa al aire libre (en todo caso se deberá sacudir antes de usarla), habrá que asegurarse de que no hay insectos dentro del vehículo, conducir con las ventanillas cerradas…etc. No hay que ser alergólogo para deducir estas recomendaciones ;)


¿Y si me pica una abeja?

Incluso sin ser alérgico, se recomienda no permanecer en la zona, ya que las feromonas de alarma liberadas durante el ataque podrían inducir nuevas picaduras. Se debe retirar inmediatamente el aguijón raspándolo suavemente con la uña, una tarjeta o un cuchillo; no debemos utilizar pinzas ni presionar: esto ayudaría a inyectar más veneno.

Respecto a la medicación, dependerá del tipo de reacción sufrida y de las recomendaciones realizadas por el alergólogo: desde aplicar hielo y/o cremas, hasta tomar antihistamínicos, corticoides, e incluso administrar adrenalina intramuscular en los casos más graves. Cada paciente deberá individualizarse. Los tratamientos no están indicados para todos por igual.

¿Tiene cura la alergia al veneno de las abejas?

Hoy en día está recomendado el tratamiento inmunoterápico (vacunación antialérgica) en aquellos pacientes que manifiestan síntomas de una determinada gravedad. Estos tratamientos tienen una eficacia demostrada y llevan usándose desde hace décadas. Eso sí, siempre se prescriben en los casos indicados, tras un exhaustivo estudio clínico y diagnóstico llevado a cabo por el alergólogo. Nunca deberá administrarse una vacuna frente al veneno de los himenópteros (abejas/avispas), fuera del entorno hospitalario y en lugares no habilitados para tal efecto.
En resumen: todo en este mundo tiene su lado oscuro, y las abejas no iban a ser menos…

Dr. Gonzalo Campos Suárez
Médico Especialista en Alergología
Grupo AlergoMálaga.

viernes, 1 de abril de 2016

Sensibilidad Química Múltiple: mito o realidad


Hoy en día, la Sensibilidad química múltiple (SQM) es objeto de intensos debates entre la comunidad científica, debido a que la mayoría de los casos detectados comparten muy pocos aspectos comunes, dada la variedad de síntomas y de grados de afectación.

Pero, ¿cómo se define exactamente?

La Sensibilidad Química Múltiple es un síndrome complejo que se presenta con síntomas diversos tras la exposición a una amplia variedad de agentes y compuestos químicos que se encuentran en el medio ambiente, presentándose dichas reacciones con una exposición a niveles tolerados por la mayoría de las personas.
Otros términos utilizados para describirlo son: “Síndrome de hipersensibilidad química”, “Alergia universal”, “Sensibilidad alimentaria y química”, “Alergia cerebral”, “Enfermedad ambiental”, “Síndrome de Respuesta a las Sustancias Químicas”, o incluso “Enfermedad ecológica”.
A pesar de estas denominaciones, aún permanece en un terreno incierto su mecanismo fisiopatológico y no se han podido confirmar ninguno de los múltiples factores sugeridos (inmunológicos, psicológicos, metabólicos, tóxicos…). Así pues, los síntomas manifestados por las personas afectadas son recurrentes y de carácter crónico, variables en cuanto a frecuencia, gravedad y duración.
Los síntomas no se limitan a un solo órgano o sistema; son diversos, pudiendo afectar al sistema musculo-esquelético: con dolores, debilidad, rigidez o fatiga; al cardiovascular: con palpitaciones, así como al gastrointestinal y al respiratorio. La afectación cognitiva cursa con síntomas neurológicos inespecíficos y la esfera afectiva se puede ver alterada. Todo esto ocurre sin un patrón común característico a todos los pacientes, lo que dificulta su identificación.

Entonces, ¿cómo se diagnostica?

Actualmente, no existe ningún biomarcador específico que permita confirmar este síndrome, es decir, no hay ningún parámetro analítico o prueba médica que ayude a su diagnóstico.
Desde el punto de vista alergológico tampoco se ha podido demostrar un mecanismo IgE mediado o celular que justifique esta relación, es decir, que ni las pruebas cutáneas ni las determinaciones inmunológicas en sangre, son capaces de identificar un responsable de los síntomas cuya evitación pudiera conllevar la mejoría del paciente. Por tanto, la detección de la SQM se basa en criterios clínicos, en los síntomas auto-referidos por las personas afectadas y en la historia de la exposición química, tras haber hecho un buen diagnóstico diferencial y descartado otras patologías.
¿Existe un tratamiento específico?

Debido al desconocimiento del mecanismo fisiopatológico responsable, no se dispone de un tratamiento etiológico específico, siendo su tratamiento fundamentalmente sintomático, orientado a mejorar la calidad de vida de las personas afectadas e intentando evitar la exposición a los agentes desencadenantes.
¿Cuál es la situación actual?

La evidencia analizada estima una prevalencia del 0,2% al 4% de la población general con un claro predominio de mujeres entre las personas afectadas.
Esta enfermedad ha sido catalogada por el Ministerio de Sanidad Español dentro de las enfermedades alérgicas no específicas, en la modificación clínica que ha realizado del CIE-9, lo que no implica que sea acertada su clasificación. Quizá por el término “sensibilidad”, algunos  pensaron que tenía que ver con la hipersensibilidad alérgica y esa forma exagerada de respuesta ante agentes exógenos, atribuyéndole el mismo epígrafe en la clasificación (el 995.3). Pero nada más lejos de la realidad, ya que como antes se ha dicho, hasta la presente no se ha hallado un mecanismo alérgico o inmunológico que dé explicación a este fenómeno.
Dra. Teresa Posadas Miranda.
Médico Especialista en Alergología.
Grupo AlergoMálaga.

martes, 15 de marzo de 2016

“Alergia a tu mascota: Durmiendo con el enemigo”



Las mascotas nos brindan compañía, diversión, cariño, pero en algunas personas pueden provocar síntomas alérgicos.
Niña y perro
En España, se estima que el 6% de la población está sensibilizada a algún animal, y esta cifra es mayor en personas alérgicas (20% de los asmáticos, por ejemplo). La prevalencia ha ido aumentando en la última década, y esto parece relacionarse con un incremento de los animales de compañía en nuestras casas. Se calcula que en los hogares españoles hay más de 10 millones de mascotas, y hasta un 70% duermen en el interior de las viviendas; un 30% lo hace en el interior del dormitorio de sus dueños.
Niño y hámster en la cama
Por otra parte, la exposición a alérgenos de animales es muy habitual: se han encontrado partículas alergénicas en medios de transporte, colegios, oficinas, locales, por lo que podrían sensibilizar a las personas con predisposición a sufrir alergia, aunque éstas no mantengan un contacto directo con el animal.

Los animales que con más frecuencia producen alergia son los gatos, en primer lugar, y los perros, en segundo. Esto se debe a que son las mascotas más comunes en los hogares. Pero cualquier animal con pelo o plumas es capaz de desencadenarla (caballos, conejos, cobayas, hámsters, ratas, ardillas…), incluso se han descrito casos de alergia a escamas de reptiles.
Gato y niña
Las partículas de los animales que producen alergia, los alérgenos, están principalmente en las secreciones de las glándulas sebáceas y salivares, así como en sus excreciones (orina, principalmente). Los síntomas alérgicos se producen por inhalación o contacto con la caspa, el pelo, la orina, la saliva o el suero.  De esto se deduce que, contrariamente a la creencia popular, no es el pelo la principal fuente alergénica de las mascotas, sino las partículas de la caspa y los restos salivares que van adheridas al mismo. Los animales, al igual que los humanos, van renovando la capa más superficial de la piel, desprendiendo pequeñas partículas que contienen el alérgeno y que permanecen flotando en el aire durante largos periodos de tiempo, y que al inhalarse desencadenan los síntomas en los pacientes alérgicos. Estos síntomas pueden ser nasales, oculares o bronquiales, o incluso cutáneos (picor, urticaria o inflamación en la piel por contacto directo con el animal).
La sospecha de alergia a las mascotas puede ser muy evidente, pero otras veces no lo es tanto: por ejemplo, cuando los síntomas no aparecen de inmediato al contacto con el animal, y sin embargo son continuos y persisten sin estar presente el mismo. En toda persona con sintomatología alérgica que contacte frecuentemente con animales se debe investigar a estos como una de las posibles causas del problema.                     
Niña y perro
¿Qué medidas podemos tomar cuando nos diagnostican una alergia a animales?
La principal medida sería la retirada del animal del domicilio y evitar, por tanto, su contacto. Pero lo que parece un acto sencillo se ve dificultado en la mayor parte de los casos por un obstáculo insalvable: los lazos afectivos. Además, se debe realizar una limpieza a fondo de la vivienda, de los muebles tapizados, alfombras… ya que los alérgenos de la caspa pueden permanecer en concentraciones elevadas incluso hasta seis meses después de la retirada del animal, sobre todo en el caso del gato.

Si se decide no retirar el animal del domicilio, siempre se pueden aconsejar una serie de medidas para intentar disminuir la cantidad de alérgenos producidos por el mismo:
- Evitar tocar el animal y lavarse las manos después de hacerlo.
- No debe entrar en el dormitorio y menos aún dormir en él.
- Ventilar la vivienda y realizar una limpieza minuciosa de la misma.
- Bañar a los perros y los gatos al menos una vez a la semana.
- Lavar la ropa que haya estado en contacto con los animales.
Existen en el mercado algunas lociones que, aplicadas una vez a la semana sobre el pelo del animal, lo humedecen y evitan que se desprenda tanta caspa disminuyendo la concentración del alérgeno en un 15-20%, aproximadamente.

Existen vacunas con alérgenos de animales, que se recomiendan para aquellas personas que no pueden evitar la exposición a los mismos y para las que trabajan con ellos en su ámbito profesional (veterinarios, peluquerías de animales…). También podría tenerse en consideración este tratamiento en aquellas personas que deciden no retirar el animal de su vivienda, y en los altamente sensibles en los que los síntomas persisten a pesar de retirar el animal del domicilio (debido a contactos indirectos inevitables).

Por otro lado, comentar que se ha especulado sobre la existencia de razas de perros y gatos hipoalergénicos. No existe evidencia científica que lo avale. Suelen ser razas sin pelo o con pelo corto. Al caerse menos pelo, los alérgenos adheridos (como comentamos antes) pasarían al medio ambiente en menor cantidad. Puede que una menor superficie corporal (mascotas más pequeñas) y una menor cantidad de pelo conlleve una menor producción de alérgeno, más que la raza.
Gato y bebé
Dra. Rocío de la Higuera Artesero
Médico Especialista en Alergología
Grupo AlergoMálaga