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jueves, 13 de febrero de 2020

Alergias de contacto y su impacto en la estética: algunas soluciones prácticas

Este post tiene como objetivo ayudar al paciente mediante consejos prácticos basados en el conocimiento que tenemos actualmente los alergólogos de las alergias de contacto y el surgimiento de nuevos productos comerciales que permiten “sortearlas”, aunque no, por desgracia, hacerlas desaparecer.
Es notorio el problema que suscita padecer este tipo de alergias y, en especial, algunas de ellas, cuando afectan a la imagen y a la estética del paciente: «No puedo teñirme el pelo», «No puedo pintarme las uñas», «No puedo usar perfume», «No puedo ponerme los zapatos que me gustan», etcétera. Suelen ser frases que oímos habitualmente en nuestras consultas.

            ¿Comenzamos?

PARAFENILENDIAMINA (PPD):

Está presente en la mayoría de los tintes capilares y es la principal causa de alergia de contacto a los mismos. El problema radica en que esa PPD es la que aporta la tonalidad oscura al tinte, y, sin ella, la eficacia de un tinte en un cabello donde comienzan a aflorar las canas es bastante pobre. Es cierto que existe una alternativa en el uso de tintes vegetales a base de henna natural, pero no es menos cierto que, a pesar de su eficacia en el oscurecimiento del pelo, el resultado estéticamente no siempre es del todo satisfactorio.
Koleston Perfect ME+
       La compañía Wella sacó al mercado hace no demasiado tiempo una línea de tintes capilares algo distinta: Koleston Perfect Me+. Según la información extraída de su página web, la tecnología Me+ reduce hasta 60 veces el riesgo de desarrollar una alergia de contacto a alguno de sus componentes. Lo consigue, al parecer, reemplazando los clásicos PPD y PTD (paratoluendiamina) por derivados. No son pocas las mujeres alérgicas a la PPD que los han usado con buena tolerancia y sin sufrir reacciones. Debo añadir que la propia empresa realiza la siguiente advertencia: «Si alguna vez has sufrido algún tipo de reacción alérgica a los tintes capilares, no debes colorear tu cabello». Mi recomendación es que no se pierde nada en realizar un pequeño test 48h antes, aplicando una pequeña cantidad de dicho producto detrás de los pabellones auriculares para ver qué ocurre. Koleston Perfect Me+ es una fórmula evolucionada de otra anterior y, aunque quizás no se trate de una solución definitiva para todos los casos de alergia a la PPD, sí es probable que sea eficaz en muchos de ellos. Otras marcas de tintes capilares que aseguran no contener PPD en su composición son estas:

FREELUX (Tocco Magico): sin amoniaco, ni PPD, ni resorcinol.

También os recomendamos esta web: www.alergiatintepelo.com. Una farmacéutica alicantina ofrece asesoramiento personalizado. En los foros de salud tiene buenas críticas.

ACRILATOS:

La moda en los últimos años de usar uñas postizas más o menos permanentes, fabricadas a base de geles y otros productos que contienen material acrílico en su composición, está provocando un incremento enorme en la incidencia de alergias de contacto a los mismos. Aquí tendríamos dos problemas: el profesional y el estético.
Dermatitis / Pulpitis por alergia de contacto a acrilatos
Las esteticistas suelen ser el grupo profesional más afectado. ¿Qué puedo hacer si tengo alergia al producto con el que trabajo? Pues es relativamente “sencillo”: evitar el contacto directo. Es cuestión de acostumbrarse a trabajar con métodos de barrera, pero, eso sí, con los adecuados. Si padeces el típico eccema descamativo en los pulpejos de los dedos de las manos por una alergia a los acrilatos ya diagnosticada, deberás hacer lo siguiente: usa guantes 4H silver frente a químicos. Son rígidos. Pero solo hace falta el dedil y, sobre él, pones un guante de nitrilo.
Guantes 4H Silver
El problema estético es más fácil de solucionar, porque existen esmaltes de uñas “hipoalergénicos”. Suelen ser bastante más caros, pero, para el uso personal en caso de alergia, son la mejor solución. Por aquí os dejo dos marcas que aseguran tolerar sin problemas muchas mujeres alérgicas a acrilatos (también es cuestión de hacer la prueba):

CROMO:

El dicromato potásico es una sal de cromo que se utiliza muy habitualmente en la industria del calzado, concretamente en el proceso de curtido de la piel. Esto provoca que, cuando llega el verano y comenzamos a usar el calzado sin calcetines, no sean pocos lo pacientes alérgicos al cromo que acuden a nuestras consultas manifestando eccemas en las plantas de los pies. En algunos casos los síntomas se padecen durante todo el año, pues la sudoración puede llegar a provocar que la sal de cromo atraviese el calcetín.
Curtiduría en Fez
No es sencillo dar con unos zapatos elegantes, que vistan, para ir al trabajo, para salir cenar por ahí que carezcan de cromo. Así que os recomiendo la marca de zapatos ecológicos sin cromo ni derivados Martin Natur (https://martin-natur.es/). Podéis contactarles. Tienen una gama de zapatos chulísimos. Otra marca de calzado sin cromo con muy buena pinta es Ray Musgo.
Botas de la marca Ray Musgo, libres de cuero
    Espero que estos consejos prácticos os hayan ayudado. Recordad que las alergias de contacto son problemas crónicos que se padecen toda la vida. Si no podemos solucionarlos, debemos tratar de sortearlos.

Dr. Gonzalo Campos Suárez.
Médico Especialista en Alergología.
Grupo AlergoMálaga.

martes, 19 de noviembre de 2019

Inmunodeficiencias primarias: cuándo sospecharlas y cómo actuar

Las inmunodeficiencias primarias son un conjunto muy amplio de patologías que podemos englobar dentro de las enfermedades raras. No obstante, los profesionales sanitarios, y especialmente los que nos dedicamos a la alergología, debemos tener en cuenta que esto no significa que no vayamos a encontrarnos con algún caso en nuestras consultas.
Iniciaré esta entrada del blog describiendo un caso muy común: niño de un año de edad que acude con sus padres porque presenta lesiones en piel eccematosas, que le pican mucho, y su pediatra ha visto en la analítica una elevación de dos marcadores: IgE total y eosinófilos. En un principio, los padres pensarán que se trata de algún trastorno alérgico, que puede deberse a algún alimento que el pequeño esté consumiendo; el alergólogo o el pediatra pueden estar sospechando una dermatitis atópica. Aunque esto es lo más frecuente, puede que haya algo más detrás de estos síntomas y signos iniciales, y sólo una buena historia clínica y una exploración física completa nos ayudarán a afinar el diagnóstico.
Eccemas característicos de dermatitis atópica pueden aparecer en otras enfermedades
     Hablamos de inmunodeficiencia cuando nos encontramos ante un estado patológico del organismo que se caracteriza por una disminución cualitativa o cuantitativa de las funciones del sistema inmunitario. En el caso de las inmunodeficiencias primarias (IDP), se incluyen más de 300 patologías diferentes, que afectan en su conjunto a uno de cada 2000 recién nacidos vivos, y cuyas manifestaciones clínicas son muy variadas. La mayoría implican mayor susceptibilidad a infecciones, pero también pueden manifestarse mediante alergias, inflamación, autoinmunidad y/o neoplasias linfoides. Sólo para ilustrar un poco la complejidad de estos procesos, y sin ánimo de que nadie aprenda este listado, las IDP se clasifican en los siguientes tipos:

1.- Inmunodeficiencias combinadas (de células T y B).
2.- Inmunodeficiencias predominantes de anticuerpos.
3.- Deficiencias de fagocitos.
4.- Deficiencias de complemento.
5.- Otras inmunodeficiencias bien definidas.
6.- Enfermedades autoinmunes y de desregulación.
7.- Enfermedades autoinflamatorias.
8.- Defectos de la inmunidad innata.
9.- Fenocopias de inmunodeficiencias.
Las IDP suelen implicar mayor susceptibilidad a infecciones
     Ahora que estamos viendo la complejidad de estas enfermedades, y si además sabemos que podemos confundirlas con otro grupo de patologías (como las alergias), ¿cómo sospecharlas?

Existen una serie de señales de alarma que deben alertarnos y que nos ayudarán a orientar nuestro diagnóstico. En los niños (lo más frecuente es diagnosticar las IDP antes de los 18 años de edad), las principales son las siguientes:

1.- Al menos 3 episodios de otitis media aguda en un periodo de 6 meses, o 4 en un año.
2.- 2 o más neumonías en un mismo año, o más de 3 neumonías en su vida.
3.- 2 o más sinusitis graves (que requieran tratamiento intravenoso) en un año.
4.- 2 o más abscesos cutáneos profundos u orgánicos.
5.- Infecciones habituales de curso grave (con ingreso para tratamiento intravenoso).
6.- 2 infecciones profundas o más, incluida la septicemia.
7.- 2 o más meses tomando antibióticos con pocos resultados.
8.- Historia familiar de IDP o infecciones recurrentes.
9.- Retraso pondoestatural.
10.- Aftas persistentes o recurrentes.

Además de estas señales de alarma, otros factores que debemos considerar en los niños son:
1.- 2 o más procesos autoinmunes.
2.- Caracteres dismórficos (asociados a infecciones).
3.- Infecciones postvacunales (vacunas de virus atenuados).
4.- Retraso en la caída del cordón umbilical (después de las 4 semanas de vida).
5.- IgE > 2000 UI/L (además de afectación cutánea e infecciones de repetición graves).
6.- Fiebre con sospecha de periodicidad. Inflamación. 
Señales de Alarma de IDP en niños
 En adultos, tendremos en cuenta las siguientes situaciones:
1.- 4 o más infecciones que requieran antibióticos en un año (otitis, bronquitis, sinusitis, neumonía…).
2.- Infecciones recurrentes, o infección que requiera terapia antibiótica muy prolongada.
3.- 2 o más infecciones bacterianas graves (osteomielitis, meningitis, septicemia, celulitis).
4.- 2 o más neumonías demostradas radiológicamente en un periodo de 3 años.
5.- Infecciones de localización poco habitual o por gérmenes poco comunes.
6.- Historia familiar de IDP.

Pese a todo, no hay que olvidar que las inmunodeficiencias más frecuentes son las secundarias, y que son debidas a neoplasias, gérmenes (VIH…), fármacos (quimioterápicos…), cromosomopatías o malnutrición, entre otros. 
El VIH es una de las causas más conocidas de inmunodeficiencias secundarias
Al igual que para cualquier otra patología, una historia clínica completa y correcta será lo más útil cuando sospechemos una IDP. No debemos olvidar preguntar por los antecedentes familiares, la existencia de consanguineidad en la familia, la edad de inicio de la clínica, las infecciones que haya presentado el paciente…
La exploración física también debe ser completa y concienzuda, buscando la existencia de retraso pondoestatural, rasgos fenotípicos característicos de ciertos síndromes (aunque pueden ser sutiles en niños pequeños y difíciles de detectar para quien no esté acostumbrado), presencia de eccemas, petequias, abscesos, hipertrofia o ausencia de amígdalas, dolor articular o alteraciones óseas…
Como pruebas complementarias, lo que cualquier médico debe pedir como primera línea es un hemograma completo (se puede detectar una disminución anómala de las células sanguíneas o un aumento de eosinófilos) y una cuantificación de inmunoglobulinas (IgA, IgG, IgM, IgE). Tras ello, la situación ideal es la derivación a un inmunólogo clínico, ya que el diagnóstico y tratamiento precoz de las IDP disminuirá la morbi-mortalidad de los pacientes, y aumentará y mejorará tanto su esperanza como calidad de vida.
Hemograma completo y cuantificación de inmunoglobulinas
  Para finalizar, quiero mencionar de manera especial a la doctora Elena Seoane Reula, médico especialista en inmunología, así como en alergología, y que realiza su labor asistencial en el Hospital Regional Universitario Gregorio Marañón de Madrid. Es una excelente profesional y una gran persona, gracias a quien he aprendido gran parte de lo que sé en relación con las IDP. El contenido de esta entrada del blog está basado principalmente en una ponencia suya que tuve la suerte de disfrutar el pasado mes de octubre en el último Simposio Internacional de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica.

Dr. Óliver Alexis Muñoz Daga
Especialista en Alergología
Grupo AlergoMálaga

martes, 18 de septiembre de 2018

Alergia y trastornos mentales


¿Existe relación entre la alergia y la existencia de trastornos mentales? ¿Puede la sintomatología alérgica verse influenciada por un trastorno mental? Vamos a ver si hay respuestas a estas preguntas.
 La alergia es una enfermedad compleja, en la que participan varios factores que hacen que un organismo presente una reacción exacerbada ante un estímulo que la mayoría de la población tolera. Posee un componente genético (la probabilidad de desarrollar alergia sin antecedentes familiares, es de un 5-15%; si se tiene un hermano alérgico, del 25-35%; si se tiene un progenitor alérgico, del 20-40 %; y si los dos progenitores lo son, del 40-60 %); y otro ambiental, donde se incluyen factores como los alérgenos, las infecciones, la contaminación…, y donde podríamos incluir también los trastornos emocionales, y dentro de estos últimos, sobre todo la ansiedad.
        En nuestra práctica clínica diaria, observamos dos patologías en las que la psique influye en su aparición y/o exacerbación. Por un lado, el asma bronquial (los aficionados al cine recordarán la película La mano que mece la cuna, en la que una de las protagonistas, que padece asma, sufre una crisis ante una situación de intenso estrés); y, por otro lado, las patologías cutáneas, sobre todo la urticaria.

Pero ¿hay estudios publicados al respecto?

Si realizamos una revisión, no tardamos en apreciar que está más que documentado que la ansiedad y la depresión son dos patologías asociadas a las enfermedades alérgicas. Como ejemplo, un estudio realizado en nuestro país y recientemente publicado (Anxiety, Depression and Asthma control: changes after standarizedtreatment, J. Allergy Clin Immunol Pract. 2018), en el que se observó a un grupo de pacientes con asma bronquial moderado-severo, al que se realizó pruebas espirométricas, junto a cuestionarios de calidad de vida y de sintomatología ansioso-depresiva. Se evaluaron una primera visita y a los 6 meses de tratamiento. Los resultados fueron claros: el porcentaje de pacientes con sintomatología de ansiedad/depresión pasó del 24,2%/12%, respectivamente, en la primera visita, al 15, 3%/8,1 %, a los 6 meses de tratamiento, coincidiendo con una mejoría en las pruebas espirométricas. Es decir, cuando mejoraron clínicamente de su asma, mejoraron de su trastorno mental.
En otro estudio (Severity of allergic rhinitis impacts sleepand anxiety: results from a largeSpanish cohort. Clin Transl Allergy. 2018) realizado también en nuestro país sobre rinitis alérgica y ansiedad/depresión, se concluyó que la rinitis alérgica tiene un gran impacto en la sintomatología de estos trastornos, afectando a la calidad de vida y al sueño y, como era de esperar, es peor en pacientes con clínica severa, independientemente de si la presencia de los síntomas es perenne o estacional.
       Respecto a la urticaria crónica, nos encontramos con más de lo mismo, pero con unos porcentajes de asociación aún más altos. Los pacientes con urticaria crónica tienen el doble de incidencia de trastornos de ansiedad, depresión y del sueño que el resto de la población general. En un estudio realizado en Alemania (High Prevalence of mental disorders and emotional  distress in patients withchronic spontaneous urticaria. Acta Derm Venerol. 2011), los resultados concluyeron que el 48% de los pacientes con urticaria crónica presentaban uno o más trastornos psicosomáticos, siendo el más frecuente la ansiedad, seguido de la depresión. Similares resultados se han observado también para la dermatitis atópica.
       Concluyendo, cuando se valora a un paciente que acude a una consulta, no debe dejarse de lado el componente emocional, ya que no pocas veces será el agravante e incluso desencadenante de su sintomatología.

Dra. Rocío de la Higuera Artesero
Médico Especialista en Alergología
Grupo AlergoMálaga

lunes, 18 de junio de 2018

La alergia a metales en cirugía ortopédica y cardiología


Las dermatitis de contacto alérgicas (DAC) suponen hoy en día un problema de salud en la población general. Dentro de ellas, las provocadas por metales y específicamente por el níquel, alcanzan en algunos países como España una prevalencia de sensibilización por encima del 15%. A diario contactamos con objetos que contienen níquel en su composición (bisutería, correas metálicas, botones de pantalones, monedas, etc.), por lo que el uso de este metal en la fabricación de objetos ha sido regulado a través de una normativa europea.
Monedas de Níquel
Pero ¿qué ocurre cuando padecemos una alergia a algún metal, como el níquel (Ni), el cromo (Cr) o el cobalto (Co), y tienen que ponernos una prótesis de cadera o de rodilla?

Existen opiniones contrapuestas, pero la mayoría de los expertos considera que el hecho de padecer una alergia a alguno de estos tres metales, no supone una contraindicación para la instauración de una prótesis ortopédica. De hecho, no se recomienda la realización, previa a la cirugía, de pruebas diagnósticas de contacto para saber si el paciente presenta o no sensibilización.
Tabla Periódica: En 'rojo' los metales más habituales en dermatitis de contacto
 Se ha postulado -en ocasiones- la alergia de contacto a metales (Cr, Co, Ni) como causa, en casos de rechazo de prótesis ortopédicas y, sobre todo, en los aflojamientos precoces. Esto no ha sido ni mucho menos demostrado, porque casi la totalidad de las personas que padecen alergia a metales toleran las prótesis ortopédicas sin ningún tipo de problemas.
Prótesis articular completa de cadera
 Ahora, ¿qué hacer cuando una persona ha sufrido un rechazo o aflojamiento precoz de una prótesis que contiene Ni, Cr, Co al que se demuestra que es alérgica? En esta situación partimos de la existencia (no de la posibilidad) de un rechazo, y de la confirmación (o el conocimiento previo) de una alergia a metales. La recomendación mayoritaria, en caso de re-intervención, iría dirigida a la evitación y el uso alternativo de una prótesis de titanio (Ti). Debemos ser precavidos.
Barra de Titanio
¿Y en los casos de sujetos cardiópatas alérgicos a metales, que requieren tratamientos de re-vascularización con stents o la instauración de un marcapasos?

Se sabe que entre el 16-33% de los stents metálicos (desnudos) sufren procesos de re-estenosis.
         Un grupo del Hospital Universitario Gentofte de Copenhague (Dinamarca), publicó, en 2011, los resultados de un estudio que llevó a cabo al respecto: entre 1979 y 2007, 18.794 pacientes con dermatitis de cualquier origen fueron sometidos a la realización de pruebas diagnósticas mediante test epicutáneos de contacto. De todos ellos, 149 (es decir, el 0,8%), requirieron la instauración posterior de stents metálicos por problemas cardiológicos. De esos 149, 21 sufrieron re-estenosis de alguno de sus stents; y de esos 21, solo 2 eran alérgicos a metales.
Stent coronario de metal y sistema de guía-catéter
            Es decir, la alergia a Ni, Cr, Co, no parece ser un factor de riesgo de re-estenosis de los stents.

Respecto a los marcapasos, hay muy poca literatura médica publicada, lo que indica que los casos de alergia a metales en estas circunstancias son anecdóticos. Dentro de los descritos, las aleaciones de titanio parecen implicadas en un 90% de ellos, lo que se deba quizás al uso mayoritario de este metal respecto a otros, pero no, probablemente, a su capacidad de sensibilización. De todas formas, en estos pacientes, las reacciones suelen ser localizadas en la zona de implantación del marcapasos y raramente se generalizan o parecen a distancia. Pero, como digo, son casos raros y aislados.
Marcapasos y electrodo intracardiaco
        En resumen, padecer una alergia a metales no es óbice para recibir una prótesis ortopédica, someterse a una re-vascularización a través de la instauración de stents o implantarse un marcapasos. Pero, como siempre decimos, cada paciente debe individualizarse, y para eso está el alergólogo.

Dr. Gonzalo Campos Suárez.
Médico Especialista en Alergología.
Grupo AlergoMálaga.

jueves, 1 de marzo de 2018

Anticuerpos monoclonales: Terapias biológicas en enfermedades alérgicas


Cuando hablamos de anticuerpos, la primera imagen que a muchos de los nacidos hace unos 30 años se nos viene a la cabeza, es la de aquellos ‘mosquitos’ que salían de naves en la serie ‘El Cuerpo Humano’, y la mayoría los asociaremos a una parte de nuestro sistema inmunitario o nuestras defensas.
Glóbulos blancos y anticuerpos en la serie "El Cuerpo Humano"
       Nuestro sistema inmune consta de una inmunidad ‘innata’ y una inmunidad ‘adquirida’, y dentro de esta última, una parte de la función llamada celular la realizan células como los linfocitos (un tipo de glóbulos blancos) y otra parte la llamada humoral es la que llevan a cabo los anticuerpos y otras moléculas.

Un anticuerpo es un tipo de proteína producida por el sistema inmunitario cuando detecta sustancias dañinas, llamadas antígenos, como las procedentes de microorganismos o ciertos químicos, aunque también pueden generarse contra estructuras o tejidos propios que se identifican como extraños dando lugar a las enfermedades autoinmunitarias. Cada tipo de anticuerpo es único y defiende al organismo de un tipo específico de antígeno. Los anticuerpos están formados por cuatro partes llamadas cadenas:
- 2 cadenas pesadas, que son las que definen el tipo de anticuerpo o inmunoglobulina: IgA, IgG, IgM, IgE o IgD, y
- 2 cadenas ligeras, que poseen una región hipervariable la cual las hace únicas para un antígeno en concreto, permitiendo generar millones de anticuerpos distintos.
Las inmunoglobulinas humanas: IgA, IgM, IgG, IgD e IgE
¿Qué pasaría si consiguiéramos saber cómo funciona y utilizar esta poderosa herramienta del sistema inmune humano?

A principios de los setenta Milstein y Köhler desarrollaron en sus investigaciones en Cambrigde los primeros anticuerpos monoclonales, combinando un linfocito tipo B de un mieloma de ratón con células inmunizadas procedentes del bazo, generando los hibridomas. Estos eran células ‘inmortales’ que no cesaban de producir anticuerpos de un tipo específico. Su trabajo les llevó conseguir el premio Nobel en 1984.
Representación tridimensional de un anticuerpo monoclonal
     Dicho de otro modo, habían conseguido una fábrica en serie de anticuerpos específicos contra cualquier tipo de antígeno, sustancia o molécula diana.

El primer uso en terapia humana fue en 1982 para el tratamiento de un linfoma, pero al producirse desde células de ratón, había pacientes que producían anticuerpos al detectar como extraña la estructura del anticuerpo monoclonal.  De este modo, desde 1984 se han desarrollado distintas técnicas para para mejorar la tolerancia como la quimerización, la humanización e incluso los anticuerpos monoclonales completamente humanos.

Las Terapias Biológicas.

Aunque este concepto es más amplio, una parte importante de las conocidas como terapias o tratamientos biológicos comprende la producción de anticuerpos monoclonales específicos que se unan y bloqueen la función de alguna estructura o molécula muy concreta de nuestro organismo como pueden ser ciertos tipos de receptores celulares.
De este modo el campo con más aplicación es la Oncología donde hay anticuerpos dirigidos contra HER2 en cáncer de mama, contra receptores CD20 o CD52 para linfomas/leucemias, etc. Pero también en las enfermedades autoinmunitarias como en artritis reumatoide, enfermedad inflamatoria intestinal, esclerosis múltiple, lupus eritematoso, psoriasis, así como en el rechazo de trasplantes y enfermedad de injerto contra el huésped.
    En Alergología hace apenas 15 años que empezamos a utilizar este tipo de terapias, siendo el primer fármaco específico en nuestra área el Omalizumab, un anticuepo monoclonal humanizado que se une a la Inmunoglobulina E (‘el anticuerpo de los alérgicos’) evitando que este se una a su sitio de acción y genere toda la sintomatología que ya conocéis. Inicialmente se aprobó para el tratamiento del asma moderado-grave en adultos, posteriormente en niños y recientemente en 2014 también se aprobó para el tratamiento de la urticaria crónica espontánea en pacientes que no respondían a altas dosis de antihistamínicos.
Paciente con Urticaria Crónica con lesiones habonosas generalizadas 
     Cuando pienso en Omalizumab, creo que es como la Aspirina del s.XXI en alergología, porque también se ha utilizado off-label, es decir fuera de indicación (cuando ninguna otra terapia consigue el control del paciente, y aun así no en todos funciona) en múltiples patologías alérgicas como dermatitis atópica, rinosinusitis crónica, angioedema recurrente, anafilaxias idiopáticas así como tratamiento adyuvante durante protocolos de desensibilización ya sean en alergias alimentarias o bien en pacientes con alergias medicamentosas como por ejemplo quimioterápicos.

    En diciembre de 2015 se comenzó a utilizar Mepolizumab, otro anticuerpo monoclonal humanizado, que en este caso se une a la molécula interleucina-5 (anti IL-5), la cual es responsable del crecimiento, diferenciación, reclutamiento, activación y supervivencia de los eosinófilos, y cuya indicación es el tratamiento del asma eosinofílica refractaria grave en pacientes adultos (entiendo por refractaria aquellos pacientes que no llegan a controlar su asma con dosis altas de corticoides inhalados y que precisan corticoides orales).
Paciente con asma bronquial
   Más reciente en octubre de 2016, apareció otro anticuerpo monoclonal anti IL-5, el Reslizumab, en este caso para el tratamiento adicional en pacientes adultos con asma eosinofílica grave insuficientemente controlada con el tratamiento con corticosteroides inhalados en dosis altas más otro medicamento para el tratamiento de mantenimiento.

Los próximos ya aprobados pero pendientes de comercialización son:
           
    Benralizumab, otro anti IL-5 como Mepolizumab y Reslizumab, indicado para el tratamiento del asma eosinofílica grave.

   Dupilumab, en este caso un monoclonal anti interleucina-4, que está siendo una revolución en el tratamiento de la dermatitis atópica moderada o grave en pacientes adultos candidatos a tratamiento sistémico, ya que consigue reducir la actividad de la enfermedad hasta el 75 por ciento en dos de cada tres pacientes.
Lesiones cutáneas propias de una dermatitis atópica moderada/severa
       Y se siguen investigando otras muchas moléculas algunas en el mercado para otras patologías como Rituximab, Anakinra, Canakinumab, Ustekinumab, Adalimumab, Infliximab, Etanercept, Mogamulizumab, Alefacept, Alemtuzumab, Rilonacept… otras en investigación Lebrikizumab, Tralokinumab, Quilizumab, Pitrakinra, Enokizumab, Anrukinzumab, Secukinumab, Brodalumab… y algunas ya abandonadas como el Daclizumab, Altrakincept, Pascolizumab, Efalizumab…

      Como podéis ver este campo de la farmacología es fascinante porque permite tratar de forma muy específica ciertas vías moleculares por las que se producen algunas enfermedades y es parte de la medicina del futuro que ya comenzó en el pasado.

Dr. Jaime García Campos.
Médico Especialista en Alergología.
Grupo AlergoMálaga.