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lunes, 2 de diciembre de 2019

Las vacunas y la alergia al huevo

Daniel es un niño de 4 años que acude a la consulta de alergia por primera vez. La preocupación de sus padres es que han tenido que posponer dos veces su viaje familiar a Brasil ya que no han podido vacunarlo contra la fiebre amarilla por tener alergia al huevo. Cuando les preguntamos quién le realizaba el seguimiento médico, nos contaron:
           
“El diagnóstico nos lo hizo su pediatra por medio de analíticas frecuentes desde los 9 meses, que fue la edad de inicio de los síntomas. Era la segunda vez que le introducíamos clara cocida, y de forma inmediata presentó un enrojecimiento (eritema) alrededor de la boca y rechazo de la toma. No le hemos vuelto a dar huevo desde entonces”
Niño alérgico a huevo
     Estamos ante un caso de un niño con alergia al huevo, que precisa la administración de una vacuna contra la fiebre amarilla. Como introducción sabemos que el huevo de gallina es una de las principales fuentes de proteínas en la alimentación humana y es, junto con la leche, una de las causas más frecuentes de alergia a los alimentos en la primera infancia. Siempre es preciso consultar con un alergólogo ante toda sospecha de alergia, independientemente de la edad del paciente.

Asimismo, las vacunaciones constituyen una de las principales herramientas de salud pública para el control de las enfermedades. Las vacunas son productos biológicos que contienen uno o varios antígenos (microorganismos vivos o inactivados o una parte o un producto derivado de ellos, en suspensión) que se administran con objeto de producir una protección frente a ulteriores exposiciones al germen en cuestión.
Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP)
 El Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP) conjuntamente con la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP), avalaron y elaboraron un documento consenso sobre vacunas y alergia, donde se refiere que algunas vacunas están más vinculadas a reacciones alérgicas que otras, “como la triple vírica, la vacuna antigripal, la de la fiebre amarilla, la rabia, la encefalitis centroeuropea y algunos preparados como Epaxal® frente a hepatitis A”. En general, son aquellas elaboradas en huevos embrionados o en fibroblastos de embrión de pollo o que contienen restos de sustancias que son alérgenos comunes como ovoalbúmina, gelatina, antibióticos etc.
Cultivo de vacunas en huevos de gallina
    La vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubeola) se administra a los 15 meses de edad y un refuerzo entre los 4 y 6 años. En España están comercializadas en la actualidad dos tipos M-M-Rvaxpro® (MSD) y Priorix® (GSK).
Vacuna triple vírica M-M-R (sarampión, paperas y rubeola)
Anteriormente existía una vacuna triple vírica (Triviratén®) que se fabricaba de manera distinta y no tenía ningún resto de proteína de huevo, y era la que se usaba en niños con alergia a este alimento, pero fue retirada porque la protección que se obtenía frente a las paperas no era lo bastante buena.
Las vacunas disponibles en la actualidad no contienen proteínas de huevo capaces de desencadenar una reacción alérgica y por ello, en todos los niños con alergia al huevo (incluso con clínica de anafilaxia), la vacunación está permitida. Aquellos niños que hayan tenido una reacción con una dosis previa de triple vírica deberán ser evaluados por un alergólogo. Generalmente, estas reacciones se producen por alergia a otros componentes de la vacuna.

La vacuna contra la gripe (VAG), se administra a niños mayores de 6 meses pertenecientes a determinados grupos de riesgo. En casos de anafilaxia tras la VAG, no se administrarán nuevas dosis, estaría contraindicada.
En casos de alergia al huevo sin anafilaxia grave, una vacuna que contenga menos de 0,6 a 1 mcg/dosis de ovoalbúmina, que es lo que contienen las vacunas antigripales usadas en España, es considerada segura. “En niños con reacciones anafilácticas graves después de la ingesta de huevo, si se considera que la vacunación antigripal es necesaria, deberá administrarse, previa valoración por un alergólogo, en un medio hospitalario con los medios adecuados para el tratamiento de la anafilaxia”.
Vacuna de la gripe en viales
     En cuanto a la vacuna contra la fiebre amarilla, se administra a todas las personas entre los 9 meses y los 60 años de edad que vayan a viajar o permanecer en áreas donde se transmite el virus causal. Los viajeros deben recibir la vacuna 10 días antes de llegar a destino, como mínimo. En España se dispone de Stamaril® (Sanofi Pasteur SA), compuesta por virus vivos debilitados que no provocan la enfermedad, pero inducen protección frente a ella. La legislación de la Unión Europea ha establecido una concentración de 2 μg/ml como la concentración máxima permitida de proteína de huevo que se considera segura en pacientes con anafilaxia previa a dicho alimento. En la vacuna contra la fiebre amarilla, las concentraciones de huevo varían de 2-43 μg/ml según el lote, lo que significa que está contraindicada en pacientes con alergia al huevo.
Vacuna conta la fiebre amarilla
     La fiebre amarilla, al ser una enfermedad febril aguda con alta letalidad, la vacunación es la medida de protección más efectiva. En un artículo publicado recientemente en Brasil, después de la epidemia de fiebre amarilla en 2018, la más grande desde 1980, la vacunación se ha vuelto indispensable. Todos los pacientes con antecedentes de alergia al huevo tuvieron entrevistas estandarizadas y pruebas cutáneas de vacunas nacionales contra la fiebre amarilla (prueba cutánea en prick, prueba cutánea intradérmica o ambas). Los pacientes con prick positivo o intradérmica positiva (si el prick había sido negativo) se sometieron a desensibilización, y aquellos con una prueba de punción cutánea negativa y prueba cutánea intradérmica negativa fueron vacunados bajo supervisión del especialista. 

El CAV-AEP y la SEICAP recomiendan que, si se precisa la administración de la vacuna contra la fiebre amarilla en niños alérgicos al huevo, deberán ser evaluados por un alergólogo.

Dra. Paola Palao Ocharan
Médico Especialista en Alergología
Grupo AlergoMálaga

jueves, 17 de octubre de 2019

El déficit selectivo de la inmunoglobulina A

Estamos estrenando el otoño y, con la llegada de la nueva estación, aparecen los molestos catarros de siempre. La mayoría son banales, de origen viral y solo precisan tratamiento sintomático y medidas higiénicas para evitar su propagación. Se conocen más de 200 virus que pueden producirlos, y se estima que lo normal es que padezcamos 1-2 episodios anuales.
Representación de virus
Pero, a veces, estos catarros se complican. Existen personas con alteraciones en su sistema inmunitario en los que los mecanismos de defensa frente a las infecciones no funcionan como deberían, lo que lleva a la aparición de complicaciones.
Catarros, resfriados e infecciones respiratorias
 Esto es lo que nos contó Carlos cuando acudió a nuestra consulta. Carlos tenía 35 años y refería cuadros de rinosinusitis de repetición, acompañados de fiebre, en un número de 5-6 al año, precisando el uso repetido de antibióticos. En alguna ocasión había presentado incluso afectación pulmonar. Decía que no veía normal tantas infecciones. A nosotros nos parecía igual.

Se le realizó el estudio alergológico mediante pruebas cutáneas frente a los neumoalérgenos más habituales en nuestro medio y se le prescribió una analítica con determinación de inmunoglobulina E específica a los mismos, que resultaron negativos.
En la analítica, sin embargo, se objetivó un déficit de inmunoglobulina A (menor de 7 mg/dl), teniendo el resto de las inmunoglobulinas en valores normales. Ante estos resultados, se diagnosticó a Carlos de una Inmunodeficiencia por déficit selectivo de inmunoglobulina A.
Inmunoglobulinas humanas: IgG, IgM, IgD, IgA, IgE y formas poliméricas
¿En qué consiste este trastorno?
El déficit selectivo de inmuglobulina A es la inmunodeficiencia primaria más frecuente. La mayoría de los pacientes que la padecen lo hacen de manera asintomática, pero algunos, como le ocurría a Carlos, pueden presentar infecciones de repetición. Se desconoce el patrón de herencia genética, pero si se tiene un familiar con esta patología, aumenta la probabilidad de padecerlo hasta en 50 veces.
Inmunoglobulina A
Hay algunos fármacos (fenitoina, sulfasalazina, oro coloidal y d-peninicilamina) que pueden desencadenarla.
Los síntomas que pueden producir son infecciones sinopulmonares de repetición, diarreas, infecciones recidivantes por parásitos intestinales y, en algunas ocasiones, asociar trastornos de tipo autoinmune (enfermedad celiaca, enfermedad inflamatoria intestinal o lupus). Algunos de estos pacientes pueden fabricar anticuerpos contra la inmunoglobulina A de la que son deficitarios, de manera que si se les realiza transfusiones o tratamiento con otros hemoderivados pueden llegar a sufrir reacciones anafilácticas.
Existe una asociación IgA y enfermedad celiaca. 
En algunos casos esta inmunodeficiencia puede evolucionar a otra más grave, la Inmunodeficiencia variable común. Otros, por el contrario, mejoran de forma espontánea con el tiempo. El pronóstico empeora si se asocia a una enfermedad autoinmunitaria.

Respecto al abordaje terapéutico, hay que decir que estos pacientes no son susceptibles de tratamiento sustitutivo con inmunoglobulinas, ya que la mayoría de los preparados comercializados para reposición contienen sobre todo inmunoglobulina G, de la que no son deficitarios. Además, cabe ese riesgo de anafilaxia por lo referido anteriormente. En caso de precisar una transfusión de hematíes, solo podrán usarse concentrados. Es recomendable también que estos pacientes lleven consigo alguna identificación de la enfermedad que padecen.

Se prescribirá el uso de antibióticos cuando sean necesarios para las infecciones de oído, senos, pulmones, aparato digestivo y urinario y, en los casos más graves, se administrarán de forma profiláctica.

Dra. Rocío de la Higuera Artesero
Médico Especialista en Alergología
Grupo AlergoMálaga

martes, 12 de marzo de 2019

Inmunoterapia específica con alérgenos en la tercera edad.

    Siguiendo con el tema tratado en la entrada anterior por el Dr. Muñoz, la inmunoterapia (“vacunas”) es una herramienta terapéutica básica en Alergología, y que prescribimos y administramos a diario en el tratamiento de la alergia respiratoria.

    Si bien, aunque no es una contraindicación como tal, es controvertido el uso de esta inmunoterapia a partir de cierta edad, debido tanto a la escasez de estudios de eficacia y seguridad por encima de los 50-60 años, como al envejecimiento del sistema inmune y factores de riesgo como enfermedades cardiovasculares, que pueden implicar un mayor riesgo en el uso de este tratamiento.
Adultos de la 3ra edad
     La senescencia o envejecimiento del sistema inmune, lleva a múltiples cambios entre los que se encuentra una disminución o enlentecimiento de la respuesta del mismo ante estímulos externos, ya que disminuye la actividad de muchas de las células que lo componen (fagocitos, linfocitos entre otros). Esta ha podido ser una de las razones principales de la falta de estudios al respecto.
Formación de inmunidad en la serie "Érase una vez la vida"
     Sin embargo, el aumento de la esperanza y calidad de vida ha hecho que cada vez sea más frecuente diagnosticar de rinitis y asma a los pacientes en este tramo etario, pacientes que en muchas ocasiones ya están polimedicados por otras patologías, pudiendo incrementarse las interacciones medicamentosas, y a su vez se pueden ver más afectados por los efectos secundarios de la medicación sintomática usada en alergia, principalmente los antihistamínicos. Por ello, se ha replanteado esta contraindicación, y son varios los estudios que apoyan su uso en edades más tardías.
Las personas mayores con frecuencia son pacientes polimedicados
     Los estudios realizados hasta el momento, en adultos entre 60 y 75 años, con vacunas de extractos frente a ácaros del polvo y polen de gramíneas han demostrado seguridad tras tres años de tratamiento sin presentarse reacciones sistémicas relevantes.
    Así mismo se ha observado su eficacia por la disminución de la frecuencia e intensidad de los síntomas y un aumento de la calidad de vida de estos pacientes, similar a la mostrada en estudios con pacientes más jóvenes. Además la disminución del uso de medicación de rescate, da un mayor perfil de seguridad, al reducir los efectos adversos producidos por esta y las posibilidades de interacción con otros fármacos.
Los estudios actuales demuestran seguridad y mejoría clínica
       A nivel inmunológico, se observó tolerancia frente al alérgeno al que nos vacunamos, con disminución de los niveles de inmunoglobulina E específica respecto a los del inicio de la vacunación y aumento de la inmunoglobulina G4, con los mismos efectos inmunomoduladores acontecidos en otras edades.
Los cambios inmunológicos nos hacen más resistentes a los alérgenos
     A pesar de la necesidad de más estudios, ya que los existentes están realizados en pocos pacientes, los datos actuales nos proponen que salvo contraindicaciones absolutas (ya comentadas en la entrada anterior), la indicación de inmunoterapia debe ser individualizada y formar parte del arsenal terapéutico.

Dra. Teresa Posadas Miranda
Médico Especialista en Alergología
Grupo AlergoMálaga

lunes, 3 de diciembre de 2018

Nariz taponada, noches en vela, mañanas de somnolencia y la inestimable colaboración de Sun Tzu

Llegan el otoño y el invierno y muchos comenzáis con vuestra habitual penitencia: congestión, estornudos, picor nasal, tos, etc. Noches en vela, gargantas secas, mañanas de somnolencia arrastrando el cansancio, sin rendir igual en la escuela y el trabajo… ¿Os suena de algo? «Otra vez me he resfriado, otra vez me he resfriado. Todos los años igual. Ya no lo suelto hasta el verano. Estoy cansado de esta situación», pensáis la mayoría.
Somnolencia
 En este país estamos acostumbrados a las alarmas habituales con la llegada de la primavera. 1 de abril y todo el mundo piensa en alergia. Eso está muy bien, cuando hablamos de polen, pero no todo es polen en las alergias respiratorias. 
Los ácaros son la primera causa de alergia en zonas costeras
De hecho, la causa principal de alergia en las zonas costeras no son los pólenes, sino los ácaros del polvo: los que saturan las consultas de alergología en las zonas costeras durante los meses de septiembre, octubre y noviembre. Meses húmedos, generalmente, que suman la pluviometría típica de la estación a la humedad ambiental debida a la cercanía del mar, y a un rango de temperaturas óptimo para la supervivencia de estos pequeños arácnidos que son capaces de dejar fuera de combate al más pintado.
Las zonas costeras son ideales para la generación de ácaros
 Y no es cosa de hablar de excepcionalidad, porque, según los estudios epidemiológicos llevados a cabo en España, se estima una prevalencia de alérgicos en torno al 22% en la población general; de ellos, uno de cada cuatro padece alergia a los ácaros del polvo. Los cálculos, contando con una población flotante de ciudadanos de 46,5 millones, arrojan la nada despreciable cifra de 2,3 millones de españoles con síntomas de alergia respiratoria con la llegada del otoño. La prevalencia es mayor, por supuesto, en las zonas costeras que en las de interior; en los climas húmedos que en los secos.

«Conócete a ti mismo y conoce a tu enemigo». Hagamos nuestras las palabras de Sun Tzu en El Arte de la Guerra. Los ácaros del polvo se reproducen y desarrollan óptimamente en rangos de temperatura entre los 20 y 25 grados, y a una humedad relativa superior al 75%. Por debajo del 65% no se observan poblaciones viables, y por debajo del 45% se ausentan por completo. Las zonas de España con una mayor prevalencia de alérgicos son las Islas Canarias, el litoral cantábrico, Galicia y, por supuesto, todas las localidades mediterráneas.
Sun Tzu: 'Conócete a ti mismo y conoce a tu enemigo'
 Múltiples estudios demuestran el impacto que supone la rinitis alérgica desde un punto de vista económico, tanto directamente: gasto farmacéutico y asistencial, como indirectamente: bajas laborales, ausencias escolares, etc. Una encuesta europea a pacientes alérgicos arrojó como resultado que un 80% reconoció afectadas considerablemente sus actividades cotidianas debido a su enfermedad.   
Gasto farmacéutico
 Nuestra recomendación es muy sencilla: si vives en una localidad costera y siempre estas resfriada, abre la mente y recuerda a Sun Tzu; abre la mente y piensa en ALERGIA.

Dra. Clara Isabel Pérez Padilla
Especialista en Alergología
Grupo AlergoMálaga

martes, 18 de septiembre de 2018

Alergia y trastornos mentales


¿Existe relación entre la alergia y la existencia de trastornos mentales? ¿Puede la sintomatología alérgica verse influenciada por un trastorno mental? Vamos a ver si hay respuestas a estas preguntas.
 La alergia es una enfermedad compleja, en la que participan varios factores que hacen que un organismo presente una reacción exacerbada ante un estímulo que la mayoría de la población tolera. Posee un componente genético (la probabilidad de desarrollar alergia sin antecedentes familiares, es de un 5-15%; si se tiene un hermano alérgico, del 25-35%; si se tiene un progenitor alérgico, del 20-40 %; y si los dos progenitores lo son, del 40-60 %); y otro ambiental, donde se incluyen factores como los alérgenos, las infecciones, la contaminación…, y donde podríamos incluir también los trastornos emocionales, y dentro de estos últimos, sobre todo la ansiedad.
        En nuestra práctica clínica diaria, observamos dos patologías en las que la psique influye en su aparición y/o exacerbación. Por un lado, el asma bronquial (los aficionados al cine recordarán la película La mano que mece la cuna, en la que una de las protagonistas, que padece asma, sufre una crisis ante una situación de intenso estrés); y, por otro lado, las patologías cutáneas, sobre todo la urticaria.

Pero ¿hay estudios publicados al respecto?

Si realizamos una revisión, no tardamos en apreciar que está más que documentado que la ansiedad y la depresión son dos patologías asociadas a las enfermedades alérgicas. Como ejemplo, un estudio realizado en nuestro país y recientemente publicado (Anxiety, Depression and Asthma control: changes after standarizedtreatment, J. Allergy Clin Immunol Pract. 2018), en el que se observó a un grupo de pacientes con asma bronquial moderado-severo, al que se realizó pruebas espirométricas, junto a cuestionarios de calidad de vida y de sintomatología ansioso-depresiva. Se evaluaron una primera visita y a los 6 meses de tratamiento. Los resultados fueron claros: el porcentaje de pacientes con sintomatología de ansiedad/depresión pasó del 24,2%/12%, respectivamente, en la primera visita, al 15, 3%/8,1 %, a los 6 meses de tratamiento, coincidiendo con una mejoría en las pruebas espirométricas. Es decir, cuando mejoraron clínicamente de su asma, mejoraron de su trastorno mental.
En otro estudio (Severity of allergic rhinitis impacts sleepand anxiety: results from a largeSpanish cohort. Clin Transl Allergy. 2018) realizado también en nuestro país sobre rinitis alérgica y ansiedad/depresión, se concluyó que la rinitis alérgica tiene un gran impacto en la sintomatología de estos trastornos, afectando a la calidad de vida y al sueño y, como era de esperar, es peor en pacientes con clínica severa, independientemente de si la presencia de los síntomas es perenne o estacional.
       Respecto a la urticaria crónica, nos encontramos con más de lo mismo, pero con unos porcentajes de asociación aún más altos. Los pacientes con urticaria crónica tienen el doble de incidencia de trastornos de ansiedad, depresión y del sueño que el resto de la población general. En un estudio realizado en Alemania (High Prevalence of mental disorders and emotional  distress in patients withchronic spontaneous urticaria. Acta Derm Venerol. 2011), los resultados concluyeron que el 48% de los pacientes con urticaria crónica presentaban uno o más trastornos psicosomáticos, siendo el más frecuente la ansiedad, seguido de la depresión. Similares resultados se han observado también para la dermatitis atópica.
       Concluyendo, cuando se valora a un paciente que acude a una consulta, no debe dejarse de lado el componente emocional, ya que no pocas veces será el agravante e incluso desencadenante de su sintomatología.

Dra. Rocío de la Higuera Artesero
Médico Especialista en Alergología
Grupo AlergoMálaga

miércoles, 18 de julio de 2018

Peligro en las piscinas: las avispas

¿Os habéis fijado en esas incómodas avispas que merodean por la ducha y el bordillo de las piscinas? Hoy vamos a hablar de ellas, de cómo reaccionar ante una picadura y cómo saber si somos alérgicos.
Avispa papelera o Polistes dominula muy frecuente en nuestras piscinas
Aproximadamente, el 3% de la población sufre reacciones alérgicas generalizadas por el veneno de abejas y avispas. Se estima que tres o cuatro personas fallecen al año por esta causa, según datos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). En los últimos diez años la incidencia de reacciones alérgicas graves se ha incrementado en un 20%.

¿Sabéis diferenciar una abeja de una avispa?

Las avispas tienen un aguijón liso y retráctil, que sale con facilidad de la piel, por eso pueden picar varias veces. Las abejas tienen, en cambio, un aguijón fijo y aserrado, con ganchos, que quedan anclados tras la picadura, provocando su evisceración y su muerte, ya que la glándula del veneno está unida al intestino. Por ello, las abejas solo pueden picar una vez.    
Mucho cuidado con las avispas. Cuando una avispa pica, libera una feromona que incita a otros miembros de la colonia a picar, por lo que es aconsejable, en caso de picadura, alejarse rápidamente de la zona para evitar un ataque masivo.
A la izquierda una abeja y a la derecha una avispa
La función de las abejas en la naturaleza es la polinización de las plantas, por ello tienen ese aspecto “peludo” tan característico, como los abejorros, para recolectar el polen. Son herbívoras, ya que se alimentan fundamentalmente de néctar. Las avispas son cazadoras y depredadoras de insectos, son omnívoras, comen de todo. Hay que tener especial cuidado con no dejar restos de comida que puedan atraerlas.
Cuidado con las comidas campestres: recoged todo al terminar
¿Qué debo hacer si me pican?

Se aconseja lavar la herida con agua y jabón, aplicar compresas frías o hielo.
Aplicar frío reduce la inflamación y el picor
Si la picadura es de abeja, debe retirarse el aguijón lo más rápidamente posible, sin presionar sobre el saco que contiene el veneno porque podríamos inocular una mayor cantidad. Para ello, podríamos ayudarnos de una tarjeta.
En principio, no debemos alarmarnos, ya que la mayoría de las reacciones a la picadura suelen ser locales, con picor, dolor, enrojecimiento e inflamación alrededor de la zona inoculada.
Cuando el área de inflamación es mayor de 10 centímetros de diámetro, la reacción no se considera normal, y puede ser indicativo de futuras reacciones alérgicas generalizadas, con lesiones a distancia, dificultades para respirar, mareo, síntomas digestivos, etc. Es decir, lo que constituye una reacción alérgica generalizada grave o anafilaxia.

Así, si la inflamación local de la picadura es grande, va a ser necesario el uso de antihistamínicos orales y corticoides en crema o sistémicos para aliviar los síntomas. Si la picadura ha tenido lugar en la boca u orofaringe el paciente, debe acudir a las urgencias más cercanas, para vigilar una posible evolución a una obstrucción de la vía respiratoria.
En las reacciones generalizadas, si solo se afecta la piel, suelen ser suficientes los antihistamínicos y corticoides sistémicos, pero en las anafilaxias es necesario administrar adrenalina intramuscular de forma inmediata: un tratamiento esencial que puede salvarnos la vida.

Unos consejos imprescindibles para evitar la exposición:
Nido de avispas
No se acerque a panales de abejas ni a nidos de avispas.
Nunca haga movimientos bruscos. Si una abeja o avispa se posa sobre alguna parte de su cuerpo, no intente matarla ni espantarla; permanezca quieto o haga solo movimientos lentos hasta que se aleje.
No manipule frutas y en general comidas al aire libre. No se acerque a los cubos de basura en la calle.
Si deja ropa en el suelo, sacúdala antes de ponérsela, pues puede haber alguna avispa entre los pliegues.
Evite caminar descalzo, así como hacerlo por huertos o cualquier área con abundantes flores.
Durante la época de actividad (mayo a septiembre) use ropa de colores poco llamativos y evite perfumes y espráis para el cabello cuando salga al campo.
No pode árboles ni siegue césped o setos durante la época de actividad.
Las colisiones con estos insectos pueden causar picaduras; por lo tanto, evite correr o montar a caballo, en bicicleta o en moto, en áreas en que haya abundancia de flores. Un coche descapotable puede ser especialmente peligroso.
Dentro de recintos cerrados mantenga una red para atrapar cualquier insecto volador que penetre; también es útil el manejo de insecticidas.

Siempre que tengamos una reacción local mayor de 10 cm, debemos acudir a un alergólogo. Si se confirmase mediante pruebas la existencia de una alergia, se realizarán una serie de recomendaciones, entre ellas la de llevar encima un autoinyector de adrenalina en situaciones de riesgo y valorar la necesidad de vacunarse: el único tratamiento curativo disponible a día de hoy.
Reacción local extensa tras picadura (foto del Dr. Lluis Marqués)
Para finalizar, os dejamos un folleto explicativo de gran interés avalado por la SEAIC, y para profundizar en la información, la página web: www.alergiaabejasyavispas.com

Dra. Clara Isabel Pérez Padilla.
Médico Especialista en Alergología.
Grupo AlergoMálaga.

jueves, 15 de febrero de 2018

Doctor, ‘me sienta mal el gluten’. ¿Qué soy, alérgico, intolerante o celiaco?


Vamos a comenzar con unas nociones básicas sobre qué es el gluten. El gluten es una glucoproteína que se encuentra en cereales de consumo tan habitual como el trigo, la cebada, el centeno o la avena, y en otros de consumo menos frecuente como la espelta, el kamut (trigo salvaje) y el triticale (cereal mezcla de trigo y centeno). A su vez, el gluten está compuesto por otras dos glucoproteínas: la gliadina y la glutenina.
Principales cereales con gluten
       El gluten es el responsable de la elasticidad de la masa de la harina, lo que permite que, junto con la fermentación, el pan adquiera volumen y esa textura esponjosa.

¿Qué es la enfermedad celíaca?
     Es una enfermedad autoinmunitaria caracterizada por una intolerancia permanente y crónica al gluten. La padecen personas que están predispuestas genéticamente y se caracteriza por una lesión de la mucosa del intestino delgado que provoca una atrofia de las vellosidades intestinales. Esta atrofia produce una inadecuada absorción de los nutrientes de los alimentos que tomamos (proteínas, grasas, hidratos de carbono, sales minerales y vitaminas), con los consiguientes problemas asociados para la salud.
Daño progresivo de las vellosidades intestinales en la celiaquía
  La prevalencia de la enfermedad celíaca en España es aproximadamente de una por cada cien personas. Esto la convierte en la enfermedad crónica intestinal más frecuente en nuestro país. Además, su componente genético justifica que pueda haber más de un paciente celíaco dentro de una misma familia. A pesar de ser la forma de sensibilidad al gluten más estudiada y mejor conocida, se estima que todavía hoy seis de cada siete celíacos pueden están sin diagnosticar.
     ¿Qué síntomas produce? Diarrea crónica, hinchazón abdominal, estreñimiento, náuseas y vómitos, anemia, debilidad generalizada, erupciones cutáneas, estreñimiento, dolor de cabeza, alteraciones del esmalte dental, raquitismo, fracturas espontáneas, etc. Y, ojo, incluso infertilidad.
   El diagnóstico de la enfermedad celiaca implica análisis sanguíneos de serología y a veces de genética, seguidos en muchas ocasiones de una biopsia del intestino delgado, y una clara evidencia en la reducción o eliminación de los síntomas cuando se está realizando una dieta libre de gluten. El paciente debe de estar consumiendo su dieta regular con gluten para un diagnóstico inicial preciso, el cual es realizado habitualmente por un médico especialista en el aparato digestivo. En la actualidad hay estudios en marcha de biomarcadores para alcanzar el diagnóstico sin la necesidad de estar consumiendo gluten.
      El tratamiento es la dieta estricta sin gluten durante el resto de la vida.

¿Y la alergia gluten, qué es?
            La alergia al gluten afecta a una proporción muy baja de la población y puede desarrollarse a cualquier edad. Se produce por una respuesta inmunológica de hipersensibilidad inmediata mediada por IgE.
            Su modo de presentación es muy diverso: desde un simple “sarpullido” alrededor de la boca (habones periorales), hasta el cuadro más grave de alergia, el shock anafiláctico. A diferencia de otras afecciones relacionadas con el gluten, los síntomas de una alergia al gluten son de inicio brusco, a los pocos minutos de tomar el alimento, pudiendo desencadenar una situación clínica grave de forma muy rápida. Como por ejemplo: vómitos, dolor abdominal, diarrea, sangrado digestivo, asma, tos, laringitis, rinitis, conjuntivitis, urticaria, edema o inflamación facial, lingual, palpebral, etc. En algunos pacientes, los síntomas solo se desencadenan asociados a ciertos cofactores, como el ejercicio físico.
Urticaria, presión faríngea, dificultad para respirar...
    El diagnóstico de las alergias alimentarias lo lleva a cabo el médico especialista en alergología. Normalmente mediante una prueba cutánea en prick y/o analítica de sangre para determinar la IgE específica a los cereales y a la gliadina, siendo en ocasiones necesaria la prueba de exposición oral controlada con el alimento en un centro hospitalario.
      El tratamiento consiste también en realizar una dieta estricta sin los cereales implicados, ya que siempre sobrevuela el riesgo de sufrir una reacción grave. En el caso de que el diagnóstico sea durante la edad infantil, será mayor la posibilidad de superar esta alergia con el paso del tiempo.

            Pues yo tengo los mismos síntomas que un celiaco, pero me han dicho que soy sensible al gluten NO celiaco
Evitar alimentos con gluten es el único medio diagnóstico
            Es una enfermedad de nuevo cuño que guarda muy estrecha relación con la enfermedad celíaca, ya que sus síntomas son muy parecidos. Pero los pacientes que la padecen no pueden ser calificados ni como celiacos ni como alérgicos.
            El mayor problema de esta nueva patología es el infradiagnóstico, al no ser identificada e incluso desconocida en muchos casos. En España se estima que más del 10% de la población es sensible al gluten y más del 90% no lo tiene diagnosticado.
            Aún hay dudas acerca de su diagnóstico y tratamiento, así como de los mecanismos fisiopatológicos. Puesto que actualmente no se cuenta con biomarcadores validados para diagnosticar la sensibilidad al gluten no celíaca, el protocolo diagnóstico sigue siendo engorroso y poco apto para grandes estudios epidemiológicos.
            Así que, el diagnóstico, a día de hoy, se confirma si una vez descartada la enfermedad celiaca y la alergia al gluten, se observa una mejoría al hacer dieta exenta del mismo, sucediendo una recaída cuando el gluten es reintroducido en la alimentación. El tratamiento sería, por tanto, en principio, la realización de una dieta sin gluten.
El etiquetado de alimentos obliga a indicar si contienen gluten
             Hoy en día, gracias a las nuevas normativas de etiquetado de alimentos, es mucho más fácil y seguro saber si un producto contiene gluten. Actualmente hay disponibles en el mercado gran variedad de alimentos sin gluten, pero, en todo caso, su precio sigue siendo más elevado que el del resto.  
            Y, por supuesto, donde queda aún mucho camino por recorrer es en la hostelería. Aunque en algunos restaurantes nos encontramos con un etiquetado correcto, en muchos otros sigue sin haber seguridad ni control sobre este tema.
            Esperamos que un futuro, gracias a la implicación de las asociaciones de celiacos y alérgicos, y por supuesto de las instituciones públicas, nuestros pacientes puedan sentirse tranquilos cuando salgan a comer fuera de casa.

Dra. Clara Isabel Pérez Padilla
Médico Especialista en Alergología
Grupo AlergoMálaga