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miércoles, 31 de octubre de 2018

Síndrome apio-zanahoria-artemisia: un ejemplo de “reactividad cruzada”


Es de sobra conocida por los alergólogos la existencia de los denominados fenómenos de “reactividad cruzada”, a través de los cuales una persona puede hacerse alérgica a la vez a distintos alimentos de un mismo origen filogenético (vegetal, animal). No es difícil de entender, pero, para hacerlo, primero hay que hacer desaparecer de la mente el concepto “soy alérgico al melocotón”, para sustituirlo por “soy alérgico a una —o varias— proteínas del melocotón”, porque se trata de una aseveración más cercana a la verdad que la primera, que es solo correcta en parte.
La LTP del melocotón se encuentra fundamentalmente en la piel
 Es decir, cuando una persona se hace alérgica a un alimento, a lo que se hace alérgica realmente es a una o varias proteínas de ese alimento, no al alimento en su totalidad, por explicarlo de forma sencilla. Ocurre que a veces (muchas, cada vez más), encontramos a pacientes alérgicos a distintos alimentos con un mismo origen. ¿Por qué ocurre esto? Regresando a lo de las proteínas, nos encontramos con una persona que ha tenido mala suerte y se ha hecho alérgica a una proteína del melocotón llamada LTP. Con el paso de los años comienza a tener problemas al probar otras frutas: ciruela, cereza, fresa. ¿Qué ocurre aquí?, se preguntará el ávido lector. Pues ocurre que esas frutas son muy similares al melocotón en su composición proteica. También poseen esas LTP que, si no iguales al 100%, sí que se parecen mucho, demasiado, a la del melocotón, y a veces el sistema inmunológico no consigue distinguirlas.            
Hermanos gemelos
             Los fenómenos de “reactividad cruzada” tienen mucho que ver con el parecido que presentan las proteínas entre sí, por lo que estos procesos suceden más entre alimentos que poseen un origen filogenético similar y cercano: dos gemelos se parecen más que dos mellizos, y estos a su vez más que dos primos hermanos. Conforme más distante es el origen entre dos proteínas, menos similitud existe entre ellas.
Apio
    El ejemplo que traigo a este post después de esta larga introducción, es el del SÍNDROME APIO-ZANAHORIA-ARTEMISIA. No demasiado frecuente en España, y mucho más presente en la población de países del centro y norte de Europa, se trata de una afección que asocia alergia respiratoria al polen de la artemisia, y alimentaria a dos hortalizas: el apio y la zanahoria. De nuevo nos surge esa pregunta: ¿por qué? Siguiendo la explicación ya realizada, se puede sospechar que aquella persona que sufre este síndrome padece un fenómeno inmunológico de “reactividad cruzada”. Las proteínas causantes son las siguientes: Api g 1 (del apio), Dau c 1 (de la zanahoria) y las proteínas PR-10 (de la artemisia). El gran parecido entre ellas es el factor determinante.
Artemisia 
            También es frecuente en estos países asistir a pacientes que asocian alergia respiratoria al abedul, y alimentaria al apio y a la zanahoria. O incluso a ciertas especias. No hay que olvidar que, si buscamos una clasificación botánica de las hortalizas, podemos comprobar cómo, dentro de la familia Umbelliferae, residen las especies del apio, la zanahoria, el hinojo y la chirivía, entre otras. Y, sin cansarme de repetirlo, los familiares casi siempre se parecen entre sí.
Chirivía
       En España no es habitual encontrar a muchas personas alérgicas al polen de la artemisia, y es prácticamente nula la existencia de alergia al del abedul, al tratarse de un tipo de árbol ausente casi por completo en la Península Ibérica, a diferencia del centro y norte de Europa, donde es tan característica su presencia.

            Cuando topamos en la zona mediterránea con una paciente que presenta este síndrome, generalmente es debido a la implicación de un tipo distinto de proteínas: las profilinas de los pólenes de nuestro entorno, que, de nuevo, debido a su parecido con ciertas proteínas de la zanahoria, el apio, o incluso de otros alimentos de origen vegetal, provoca a veces que una persona que presenta síntomas respiratorios con la inhalación de ciertos pólenes, manifieste algún tipo de clínica al consumir dichos alimentos.
Zanahoria
   Hoy en día, la irrupción de las técnicas moleculares de diagnóstico, ha permitido aclarar un poco un panorama que, si bien es actualmente más comprensible, le queda aún mucho por delante para ser desvelado por completo.
           
Dr. Gonzalo Campos Suárez
Médico Especialista en Alergología
Grupo AlergoMálaga

martes, 16 de junio de 2015

¿Es la alergia a los ácaros del polvo un factor de riesgo para desarrollar una alergia al marisco?


Cada vez se descubren más reacciones cruzadas entre alimentos y alérgenos. Y sí, entre los ácaros y el marisco puede darse esta posibilidad, pero con ciertos matices…
 
¿Es necesario recomendar evitar el consumo de marisco a todos los pacientes alérgicos a ácaros?

La respuesta es no. Dependerá de la proteína a la que el paciente esté sensibilizado. Gracias a los avances en el campo de las técnicas moleculares, podemos “afinar” el diagnóstico y dar un consejo adecuado de forma individualizada.
Los artrópodos: Gambas y Ácaros, primos cercanos.
Los ácaros del polvo doméstico y los crustáceos tienen una relación muy clara ya que ambos son artrópodos (sí, lo mismo que las arañas…). Todos ellos poseen una proteína en el músculo, la Tropomiosina, que conserva un alto grado de similitud entre distintas especies. Esta proteína es la responsable de los fenómenos de reactividad cruzada que pueden inducir en el mismo paciente alergias respiratorias por ácaros y alimentarias por ingesta de marisco. 
La Tropomiosina.
En un estudio con pacientes asmáticos del Hospital 12 de Octubre, en el año 2002, se comprobó que el 92% de los enfermos sensibilizados a gamba lo estaban también a ácaros. Estos resultados se confirmaron con análisis inmunológicos: “Nuestros resultados”, añaden, “ponen de manifiesto que en los enfermos asmáticos, el estar sensibilizados a ácaros facilita la sensibilización a gamba”. Ojo que no es al revés: los sensibilizados a marisco no siempre lo están a ácaros.

Los alimentos que con más frecuencia producen reacciones alérgicas en una población dada, normalmente reflejan los hábitos alimentarios de esa población. Así, en Málaga, y en general en áreas costeras de Andalucía, así como en otras zonas del país como Galicia, donde hay un consumo importante de marisco, se estima que ésta es una de las primeras causas de alergia a alimentos en la población adulta. Por otra parte, en nuestra comunidad, por haber una humedad ambiental alta, hay gran cantidad de ácaros en el polvo del interior de nuestras casas, y por tanto, muchos pacientes con rinitis (picor de nariz, estornudos, moco líquido) y asma (tos, falta de aire y pitidos en el pecho) causada por estos animales microscópicos. Ésta es la explicación de por qué es tan frecuente la asociación de ambas alergias.

El grupo de mariscos que produce alergia con mayor frecuencia son los crustáceos, es decir, el marisco “de patas”, desde los camarones hasta la langosta, pasando por gambas, cigalas, nécoras… Le siguen en frecuencia los moluscos, en donde tenemos los bivalvos, “el marisco de concha”, (mejillones, almejas, ostras…), los gasterópodos (caracoles, bígaros…) y los cefalópodos (calamar, sepia, pulpo…). 
Marisco
El tratamiento de la alergia al marisco pasa por su evitación. Normalmente, si somos alérgicos a un tipo de marisco, por ejemplo crustáceos, tendremos que evitar la familia entera. En cualquier caso cada paciente tiene sus particularidades y es el Alergólogo el que indicará la conducta a seguir.

Es también importante conocer que un alérgico a marisco no debe entrar en una estancia en que se cocina,  porque el propio vapor de cocción es capaz de vehiculizar proteínas alergénicas, que inhaladas, pueden desencadenar síntomas respiratorios.

Existen otros tipos de alergia al marisco como la dermatitis de contacto proteínica y la urticaria de contacto, que se producen al manipular el alimento y se manifiestan con eczema (picor, enrojecimiento, descamación y pequeñas ampollas) o ronchas. Casi siempre de predominio en las manos (que es la parte del cuerpo con la que manipulamos los alimentos).

Por otra parte, algunas personas sólo reaccionan al marisco si coinciden cofactores; el típico, la toma al mismo tiempo de algún antiinflamatorio por cualquier motivo. Otro, el ejercicio físico realizado justo después de la ingesta. En estos pacientes (los menos frecuentes), si el marisco es consumido en ausencia de estos factores “potenciadores”, el alimento se tolera sin ningún tipo de problema.

No dudéis, por tanto, en consultar vuestro problema, dado que éste puede ser una amenaza para vosotros o los vuestros, y muchas veces hay más soluciones de las que se piensa.

Dra. Gloria María Requena Quesada.
Médico Especialista en Alergología.
Grupo AlergoMálaga.