Para ponernos en situación,
comenzaré presentando el caso de una paciente que atendí el pasado verano en mi
consulta:
Se trataba de una mujer de 31
años sin antecedentes de interés, que acudía por haber presentado 2 semanas
atrás, a los 20 minutos de la ingesta de atún fresco y lentejas, síntomas
consistentes en enrojecimiento en cara y tronco, náuseas, diarrea,
palpitaciones, mareo y malestar general, por lo que acudió al servicio de
urgencias. Con la sospecha de “reacción alérgica”, se administraron corticoides
y antihistamínicos cediendo la sintomatología en 2 horas aproximadamente.
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Atún rojo |
La paciente acudía muy asustada, explicándome
que desde entonces había retirado de su dieta todos los pescados y las legumbres
por miedo a una nueva reacción.
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Abdominalgia y malestar general |
Sacando al detective que todo
alergólogo lleva en su interior, indagué sobre el estado de esos alimentos,
incidiendo en el de ese pescado. Sonrojándose, la paciente me dijo que llevaba
en la nevera desde hacía dos días, y que quizás notó un leve picor en la boca
al ingerirlo, pero que no podía ser el atún, ya que ella lo había comido muchas
veces y nunca le había dado “esa alergia”. Además, me indicó que nadie más
había comido del mismo.
Realicé un estudio con pruebas
cutáneas (nuestras típicas pruebas de prick) con diferentes alimentos (entre
ellos pescados —incluido el atún—, anisakis —parásito que puede colonizarlo— y
diferentes legumbres), y resultó todo negativo.
Solicité una determinación en
sangre de inmunoglobulina E específica frente a atún, lenteja y anisakis, siendo
todo nuevamente negativo. Dado el resultado de las pruebas, indiqué a la paciente que debía venir con esos alimentos y comerlos mientras permanecía en observación.
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Potaje de lentejas |
Un día para comer las mismas lentejas y otro día
para comer el mismo atún (es lo que nosotros llamamos test de provocación oral).
La paciente toleró ambos alimentos sin incidencias por lo que el estudio fue
considerado definitivamente negativo.
Tras
los resultados, la paciente fue diagnosticada de escombroidosis por ingesta de
atún en mal estado.
- «Pero ¿escombro qué? ¿Qué es eso?»
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Los atunes son de la familia escombroides |
Pues bien, la escombroidosis es
una intoxicación que se produce tras la ingesta de pescados que han sido
conservados de forma inadecuada. Esta reacción se puede producir con pescados
escombroides (atún, bonito, caballa), pero también con algunos pescados no
escombroides (salmón, sardina y arenque). Estos pescados, normalmente, contienen
una cantidad de histamina menor de 1mg/100g, pero, cuando se encuentran en unas
condiciones de refrigeración o conservación inadecuadas, su musculatura sufre
una descomposición bacteriana dando lugar a una decarboxilación del aminoácido
L-histidina haciendo que se liberen grandes cantidades de histamina (más de 20
mg/100g, pudiendo llegar hasta los 400 mg/100g) (1). La histamina es resistente
al calor, por lo que no va a ser destruida cuando cocinamos el alimento. Normalmente,
el pescado tiene un color, textura y aspecto normales, pero a veces se puede
alterar su sabor teniendo un regusto metálico o incluso picante. Una vez lo
ingerimos, los síntomas comienzan entre los 15 y 90 minutos, dando lugar a una
reacción que puede simular a la que se desencadena en un proceso alérgico (2).
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Una mala conserva puede contaminarse y elevar su cantidad de histamina |
¿Cuáles
son sus síntomas?
Se puede producir enrojecimiento, picor, náuseas, vómitos, diarrea, dolor de
cabeza, palpitaciones, sensación de hormigueo en la boca, enrojecimiento de
ojos, etcétera, debido a la gran cantidad de histamina contenida en el pescado.
Suelen ser síntomas leves o moderados, como el caso de nuestra paciente,
resolviéndose de forma espontánea tras 8-12 horas de la ingesta, pero existen
casos descritos (pocos) de mayor gravedad, como el infarto de miocardio
asociado a un síndrome escombroide (3). Cuando la sintomatología lo requiere, pueden
ser efectivos los antihistamínicos, los corticoides y en alguna ocasión (rara)
la adrenalina.
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Rash cutáneo |
En diagnóstico es clínico, aunque
es posible determinar los niveles de histamina en la orina de las personas o en
el pescado implicado.
Dado que no es tan raro que se
produzcan este tipo de reacciones, es muy importante la prevención. Se
recomienda una refrigeración adecuada del pescado, manteniéndolo al menos a 0ºC
desde que es capturado hasta que lo consumimos; evitar la ingesta de pescados
que no hayan recibido un tratamiento adecuado, y manipular de forma adecuada
los alimentos, especialmente las conservas si van a ser consumidas varias horas
después de extraerlas del envase.
Dada la similitud clínica con la
alergia a pescados, los alergólogos debemos tener en cuenta la escombroidosis
dentro del diagnóstico diferencial en reacciones tras su ingesta. De esta forma
podremos dar, de forma individidualizada, recomendaciones adecuadas a nuestros
pacientes.
Bibliografía:
1-
Guergué-Díaz de Cerio O1, Barrutia-Borque A2, Gardeazabal-García J2. Scombroid
Poisoning: A Practical Approach. Actas Dermosifiliogr. 2016 Sep;107(7):567-71.
doi: 10.1016/j.ad.2016.02.010. Epub 2016 Apr 28.
2- Ridolo E1,
Martignago I, Senna G, Ricci G. Scombroid syndrome: it seems to be fish allergy
but... it isn't. Curr Opin Allergy Clin Immunol. 2016 Oct;16(5):516-21. doi:
10.1097/ACI.0000000000000297.
3- Ferrazzo
G1, Andò G1, Cerrito M2, de Gregorio C3. Non-ST-Elevation Myocardial
Infarction-Like Syndrome in Scombroid Tuna Fish Poisoning. Am J Cardiol. 2019
Aug 15;124(4):518-521. doi: 10.1016/j.amjcard.2019.05.034. Epub 2019 May 28.
Dra. Lucía Moreno
Lozano
Médico Especialista
en Alergología
Grupo
AlergoMálaga