viernes, 1 de abril de 2016

Sensibilidad Química Múltiple: mito o realidad


Hoy en día, la Sensibilidad química múltiple (SQM) es objeto de intensos debates entre la comunidad científica, debido a que la mayoría de los casos detectados comparten muy pocos aspectos comunes, dada la variedad de síntomas y de grados de afectación.

Pero, ¿cómo se define exactamente?

La Sensibilidad Química Múltiple es un síndrome complejo que se presenta con síntomas diversos tras la exposición a una amplia variedad de agentes y compuestos químicos que se encuentran en el medio ambiente, presentándose dichas reacciones con una exposición a niveles tolerados por la mayoría de las personas.
Otros términos utilizados para describirlo son: “Síndrome de hipersensibilidad química”, “Alergia universal”, “Sensibilidad alimentaria y química”, “Alergia cerebral”, “Enfermedad ambiental”, “Síndrome de Respuesta a las Sustancias Químicas”, o incluso “Enfermedad ecológica”.
A pesar de estas denominaciones, aún permanece en un terreno incierto su mecanismo fisiopatológico y no se han podido confirmar ninguno de los múltiples factores sugeridos (inmunológicos, psicológicos, metabólicos, tóxicos…). Así pues, los síntomas manifestados por las personas afectadas son recurrentes y de carácter crónico, variables en cuanto a frecuencia, gravedad y duración.
Los síntomas no se limitan a un solo órgano o sistema; son diversos, pudiendo afectar al sistema musculo-esquelético: con dolores, debilidad, rigidez o fatiga; al cardiovascular: con palpitaciones, así como al gastrointestinal y al respiratorio. La afectación cognitiva cursa con síntomas neurológicos inespecíficos y la esfera afectiva se puede ver alterada. Todo esto ocurre sin un patrón común característico a todos los pacientes, lo que dificulta su identificación.

Entonces, ¿cómo se diagnostica?

Actualmente, no existe ningún biomarcador específico que permita confirmar este síndrome, es decir, no hay ningún parámetro analítico o prueba médica que ayude a su diagnóstico.
Desde el punto de vista alergológico tampoco se ha podido demostrar un mecanismo IgE mediado o celular que justifique esta relación, es decir, que ni las pruebas cutáneas ni las determinaciones inmunológicas en sangre, son capaces de identificar un responsable de los síntomas cuya evitación pudiera conllevar la mejoría del paciente. Por tanto, la detección de la SQM se basa en criterios clínicos, en los síntomas auto-referidos por las personas afectadas y en la historia de la exposición química, tras haber hecho un buen diagnóstico diferencial y descartado otras patologías.
¿Existe un tratamiento específico?

Debido al desconocimiento del mecanismo fisiopatológico responsable, no se dispone de un tratamiento etiológico específico, siendo su tratamiento fundamentalmente sintomático, orientado a mejorar la calidad de vida de las personas afectadas e intentando evitar la exposición a los agentes desencadenantes.
¿Cuál es la situación actual?

La evidencia analizada estima una prevalencia del 0,2% al 4% de la población general con un claro predominio de mujeres entre las personas afectadas.
Esta enfermedad ha sido catalogada por el Ministerio de Sanidad Español dentro de las enfermedades alérgicas no específicas, en la modificación clínica que ha realizado del CIE-9, lo que no implica que sea acertada su clasificación. Quizá por el término “sensibilidad”, algunos  pensaron que tenía que ver con la hipersensibilidad alérgica y esa forma exagerada de respuesta ante agentes exógenos, atribuyéndole el mismo epígrafe en la clasificación (el 995.3). Pero nada más lejos de la realidad, ya que como antes se ha dicho, hasta la presente no se ha hallado un mecanismo alérgico o inmunológico que dé explicación a este fenómeno.
Dra. Teresa Posadas Miranda.
Médico Especialista en Alergología.
Grupo AlergoMálaga.

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